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sábado, 10 de diciembre de 2011

Ejercicio físico en pacientes con Fibromialgia


Una parte muy importante del tratamiento para los pacientes que presentan fibromialgia es la práctica de ejercicio físico, ya que contribuye a controlar el dolor al liberar endorfinas (sustancias bioquímicas analgésicas que desbloquean las tensiones). Cada uno de los movimientos debe estar adaptado a sus necesidades y a la enfermedad, como las técnicas de aquagym, hidroterapia y ejercicios en agua templada.
Revista EROSKI CONSUMER, 2011. Pacientes expertos en fibromialgia.

Especialistas recomiendan cantidades moderadas de ejercicio muscular, cardiovascular y de flexibilidad, respiratorio y de movilización de la musculatura con dolor, entre otros. Estos se realizan poco a poco según la tolerancia y resistencia del paciente, con el fin de no causar un dolor mayor o daño permanente. Además se sugieren paseos progresivos, entrenamientos sencillos de fortalecimiento y los estiramientos.
Revista EROSKI CONSUMER, 2008. Ejercicio y educación para la fibromialgia.

La actividad física debe ser controlada y vigilada por un especialista, y deben ser realizados solo por pacientes que estén medicados y estén con atención médica continua.

Conociendo la presentación habitual de dicha patología (45-55 años) deberíamos tomar en cuenta que la misma vendría acompañada con diversos síntomas ajenos a la FM y otras pasibles enfermedades comunes que atacan el aparato locomotor por una cuestión de edad o caracteres hereditarios tales como tendinitis, artrosis, artritis, osteoporosis entre otros.


En la práctica del ejercicio como tal se debe de ser reiterativo con el paciente a la hora de aplicar la terapia. Más que una cuestión de recuperación, alivio o una mejora en la calidad de vida, debemos de saber que se tiene que educar, ya que todo ejercicio o terapia, aparte de disciplina, necesita tiempo de respuesta a nivel fisiológico. Este, es un proceso en el cual la mejora no se puede esperar en cuestión de semanas, todo lo contrario es con lapsos de 6 meses a un año para llegar a ver mejorías. Hablando de la FM en este caso, por lo que la espera, disciplina y constancia es uno de los puntos más importantes a incentivar e inculcar en el paciente a tratar.


La licenciada en Terapia Física, Maria Marta Carballo, explica que la Fibromialgia tiene un factor psicosomático donde interviene el ánimo y la mente del paciente. Por lo que el tratamiento fisioterapéutico debe ser constante, mínimo una vez por semana. El profesional en terapia física, trabaja específicamente los puntos de dolor indicados por cada paciente, por medio de electroterapia, para el bloqueo del dolor. Además se explican ejercicios específicos para estos puntos, que son preventivos, con el fin de tonificar el musculo.

Según Carballo, esta enfermedad no tiene cura, sin embargo se hace lo posible por mantener la mejor calidad de vida posible, disminuyendo los dolores del paciente.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Dieta del paciente con Fibromialgia

Los principales cambios en la alimentación, es la ingestión de plantas y fuentes naturales ricas en antioxidantes, además de otros nutrientes. El uso de dietas vegetarianas estrictas, sin cocción, en esta población muestra un aumento en las concentraciones  de carotenos, licopeno, luteína y vitaminas C y E, en sangre. La dieta es también rica en fibra, quercetina (Vino tinto, toronjas, cebollas, té negro), miristina (nuez moscada y perejil) y kaemferol (té verde, brócoli, avellana de brujas, toronja, uva, coles de Bruselas, manzanas). Este tipo de dieta reduce significativamente la rigidez articular y el dolor, y así mejorar la calidad de vida reportada por el propio paciente. El plan alimenticio incluye bayas, frutas, vegetales, raíces, nueces, retoños y semillas germinadas. (Escott-Stump, S. (2005). Nutrición, diagnostico y tratamiento. México, DF: Mc Graw Hill Interamericana, México.)


Consumo de fuentes de magnesio (el cacao, las semillas y frutas secas, el germen de trigo, la levadura de cerveza, los cereales integrales, las legumbres y las verduras de hoja), manganeso (los granos enteros, legumbres, aguacates, jugo de uva, chocolate, yema de huevo, nueces, semillas, zarzamoras, piñas, espinaca, col rizada, chícharos y vegetales verdes) y tiamina (leche en polvo, huevos, pan y la harina enriquecidos, carnes magras, legumbres, nueces y las semillas, vísceras, arvejas, granos enteros).
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Los remedios de autoayuda son muy utilizados en este tipo de población. Uno de los más populares es el tratamiento con megadosis de vitaminas y alimentos y dietas especiales. Sin embargo, persisten algunas dificultades como la falta de regulación de los suplementos en términos de dosificación, pureza o aseveraciones; además el hecho de utilizar estos remedios sin regulación es, en efecto, automedicación sin vigilancia, y no se comprenden posibles interacciones con medicamentos o la seguridad a largo plazo, ya que ninguno de estos remedios tiene algún respaldo científico.
(Mahan, K y Escott-Stump; S. (2001), Nutrición y Dietoterapia de Krause. Décima ed., Edit. McGraw-Hill Interamericana, México.)



Sería ideal si los tratamientos nutricionales aportaran las respuestas, pero no hay pruebas claras de que las vitaminas, minerales, acidos grasos, aminoácidos o carbohidratos específicos hagan la diferencia en prevenir o curar este trastorno.

El abordaje nutricional para cualquier enfermedad inflamatoria, incluye la disminución de peso como primera recomendación. Incorporar dosis altas de antioxidantes a la dieta diaria (vitamina C, E, selenio y beta-carotenos), además de la vitamina D; esto significaría una progresión más lenta de la enfermedad.

El consumo de flavonoides (fitoquimicos encontrados en verduras, frutas, te y granos enteros) proporciona propiedades antioxidantes y antiinflamatorias que actúan para mantener las membranas celulares. Se cree que se necesitan de altos niveles de antioxidantes para limpiar al organismo de los metabolitos oxidados y radicales libres de las enfermedades inflamatorias.

   

La condroitina y la glucosamina son dos sustancias que se presentan de manera natural en el organismo como sustrato para la reparación de cartílagos, los cuales tienen efectos favorables en este tipo de pacientes.

Los acidos grasos y aceites pueden resultar terapias antiinflamatorias con el potencial de disminuir los signos y síntomas en una variedad de enfermedades inflamatorias. Por ejemplo la ingesta diaria de ácidos grasos omega 3, aceites de semilla de borraja y primavera nocturna, estos dos últimos contienen ácido gamma-linolenico (AGL) que ayudan a disminuir el dolor.
(Brown, Judith E. (2006). Nutrición en las diferentes etapas de la vida. Segunda ed., Edit. McGraw-Hill Interamericana, México.)



Clasificación de la Fibromialgia



Actualmente existen distintos criterios con respecto a la clasificación de la enfermedad. La revisión bibliográfica: Clasificación de la fibromialgia. Una revisión sistemática de la literatura (Belenguer, R.; Ramos, M.; Siso, A.; Rivera, J. 2009) identificó la existencia de varias propuestas clasificatorias basadas en principios psicopatológicos, que cumplen los criterios vigentes de 1990: pacientes sin ninguna enfermedad concomitante (FM tipo I), pacientes con enfermedades crónicas reumáticas y autoinmunitarias (FM tipo II), pacientes con grave alteración en la esfera psicopatológica (FM tipo III) y pacientes simuladores (FM tipo IV).

Los principales aspectos a evaluar para la clasificación, son el perfil psicopatológico y la coexistencia de otros procesos. Una adecuada clasificación del paciente solo funciona mediante la evaluación diagnostica individualizada por parte del equipo multidisciplinario.